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lunes, 16 de enero de 2012

APRENDIENDO OTRO IDIOMA… ¿Es mi hijo muy pequeño para eso?


A menudo, los padres se preguntan, si es verdad qué desde tan temprana edad sus niños aprenderán inglés u otro idioma, pero el tiempo es el mejor aliado para que ellos mismos comprueben el aprendizaje de sus pequeños.

 Todo enseñanza toma su tiempo y dedicación, esfuerzo que debe ser en conjunto entre profesores, padres y alumnos.
             
Existen ciertos elementos que todo padre o representante debe reconocer y tomar en cuenta, a la hora de inscribir a su hijo en ese nuevo ciclo de aprendizaje.

El más importante es comprender que en las primeras etapas del crecimiento de un niño, el cerebro pasará por un cambio significativo tanto en tamaño como en funcionalidad, cosa que no volverá a darse en ninguna etapa posterior, lo cual lo deja potencialmente apto para todo tipo de enseñanza.

Entonces ¿Por qué esperar?, el momento indicado es cuando el niño está creciendo.

El éxito en el aprendizaje de una segunda lengua no depende entonces de cuánto tiempo lleve hablándola, sino desde cuándo la empezó a hablar. No subestime a su niño y bríndele la oportunidad de adquirir ese conocimiento.

El inglés u otro idioma secundario, le traerá infinitas ventajas, como la retentiva en todas las áreas de estudio, seguridad en sí mismo, facilidad para expresarse al aprender un vocabulario no nativo, y la más importante, lo coloca por encima de otros a nivel académico y profesional en el futuro, debido a que el inglés u otro idioma, puede definir el camino profesional de un individuo.

Otro aspecto resaltante es la escogencia de un instituto o academia, que le brinde exactamente lo que su hijo necesita, donde trabajen en función del niño y su aprendizaje, donde se le dé el conocimiento adecuado a su edad y madurez.

Recuerde que la ventana de oportunidad para aprender una segunda lengua está abierta al máximo durante los primeros 10 años de vida.







Romina Pardi Montiel
romina.pardi@gmail.com
@Lollipop

RUMBO A OTRAS FRONTERAS…. ¿Cómo le afecta a mi hijo?



Cada día es más común escuchar o ver que algún familiar o amigo cercano, se fue del país en búsqueda de nuevos horizontes, una mejor calidad de vida o al contrario llega barajando las oportunidades que le presente el momento.

Las personas se han convertido, como otras especies, en nómadas para sobrevivir, y en estos casos que cambiamos de territorio: ¿Qué sucede con nuestros hijos?, ¿Están ellos preparados para la confrontación intelectual, académica y psicológica a la que se enfrentarán?.

Es bien sabido, que un cambio de país, conlleva el ingreso de los hijos a un entorno educativo que es diferente en comportamiento, costumbres, interacciones y hasta los deportes que ha aprendido en su lugar de origen.

Los niños tienden a ver el mundo a través del orden social que los padres mantienen en el hogar, es justo allí cuando al llevarlo a su vida en el colegio, por ejemplo, ocurren discrepancias, porque son guiados bajo la conducta aprendida en la infancia por sus progenitores en otro país.

Para cambiar de patria se debe considerar los siguientes aspectos: investigar como es el comportamiento social del lugar, cuales son las costumbres, las creencias religiosas más comunes, la forma de educación escolar y la interacción.

Es necesario documentarse ante la nueva realidad y buscar la forma asertiva de explicarlo a tus hijos, teniendo en cuenta que si no lo haces, los niños van a recibir su educación del mundo en general, cosa que podría llegar a desarrollarse con los límites de conducta que a ellos les convengan.

Hay que asumir un papel activo de formador moral, social, académico y laboral, acoplado al territorio donde vives. Si ellos actúan con naturalidad y acorde a sus compañeros de clase o vecindario, evitará cosas como que ellos sientan vergüenza cultural, ser señalado, ocasionarle malestar psicológico y en algunos casos extremos llegar a la conducta antisocial.

La felicidad radica, en lo bien que te sientas, más allá de lo que tengas, y eso está estrechamente relacionado a la conducta social. Mientras mejor sean vistos y tratados en la escuela o donde conviven, mejor será su comportamiento y rendimiento en las áreas donde se sienta aceptado.

No se debe cambiar, sea cual sea el país donde resides, el amor, la comunicación, el cariño, la educación de valores y la motivación por alcanzar el éxito, que muy bien los padres saben dar. Ámalo, Guíalo y sonríele, con ello tu hijo se sentirá orgulloso de que seas parte de su vida.  





Psic. Ghandy Aboul Hosn
ghandyaboul@gmail.com
@ghandyaboul

Enseñando a padres y maestros SIGNOS DE ALARMA EN EL COMPORTAMIENTO ESCOLAR



Cuando los padres se enfrentan al llamado de atención del maestro, de que su hijo no rinde de la forma esperada para su edad, que su comportamiento es inadecuado y difícil de manejar en el aula, en muchas oportunidades no se le da la importancia que el problema requiere.

Por lo general, se cree o piensa que es una etapa transitoria o de adaptación,  o en el peor de los casos que el educador “no sabe manejar a mi hijo”.

Sin embargo, en muchas ocasiones los padres a pesar de la negación del problema, en la visita al neurólogo infantil y psicólogo, por requisito obligado del colegio, terminan aceptando que ellos notaban desde hace tiempo los signos de alarma que en medio de la consulta se les hace referencia, debido a que los mismos suelen presentarse en cualquier ambiente.

Es importante que padres y maestros identifiquen al alumno que muestra problemas que se salen de la norma. Si bien es cierto que los niños pueden presentar conductas inquietas, propias de su edad, debemos saber detectar aquellos que traspasan los límites.

Existen comportamientos tales como: a menudo no completa las tareas asignadas, parece no escuchar cuando se le habla, se distrae fácilmente, tiene periodos cortos de concentración, cambio continuo de una actividad a otra sin concluir ninguna, dificultad en esperar turnos incluso para juegos, se levanta y habla constantemente interrumpiendo la clase, no obedece ni entiende de normas, no limita peligro, pierde constantemente los útiles escolares, agregándose en ocasiones muy frecuentes conductas de agresividad e impulsividad.

Hay que resaltar, que en la mayoría de los casos, existe un problema neurobiológico y que esta conducta “no es culpa del niño”. Los padres solo terminan dándole importancia a la situación que enfrentan, cuando las quejas son repetidas o se ve afectado el rendimiento académico, siendo necesario evaluar de forma multidisciplinaria, debido a que debe comenzarse terapia psicoeducativa e inclusive en muchas ocasiones la prescripción de fármacos.






Dra. Laura Calzadilla
Medico Neuro-pediatra
lauracalzadilla@hotmail.com

Detalles que debe conocer tu hijo al llegar al colegio DÍGALE ADIÓS A LA PEREZA



Está comprobado que los primeros días de escuela traen problemas para despertarse y flojera para los estudios, en los niños, tras un largo pero merecido periodo vacacional.

Actualmente, los científicos del área recomiendan a los padres que una o dos semanas antes de culminar el extenso periodo de vacaciones, se inicie un simulacro de regreso a clases para que los pequeños y los no tan pequeños del hogar, se hagan nuevamente la idea de volver a sus responsabilidades escolares.

Parte de este proceso puede desarrollarse, la asignación pertinente de actividades de repaso, fielmente estructuradas y compartidas con los horarios para la televisión, videos juegos, internet, entre otros; hábitos que garantizarán que los niños volverán a acostumbrarse a su horario y rutina escolar.

Los niños y niñas entrarán nuevamente a clases y este suceso que se repite después de cada temporada de vacaciones, no deja de ser interesante.

En muchos casos, representa para los niños una serie de situaciones como por ejemplo, el estrés, que se manifiesta con miedo, inseguridad o mucha tensión que pueden afectar la salud.

Para que el regreso a clases sea una dicha y no un problema postvacacional, le sugerimos:

·         Hablar con los niños sobre lo importante que es el regreso a clases y de sus expectativas en este año escolar.

·         Escuchar sus temores, dudas e intereses con atención.

·         Establecer y respetar horarios, no solo de las actividades escolares sino de actividades recreativas, hábitos de sueño, higiene y alimentación.

·         Responsabilizarlos del cuidado de sus útiles y uniformes.

·         Supervisar bien su desayuno.

·         Estar pendientes de los cambios de conducta o actitud que puedan ser manifestaciones de alguna situación de cuidado.

Tener todo listo para que las prisas no sean motivo de estrés. (materiales, uniformes, alimentos en la lonchera, etc).






Helen Hidalgo
Psicopedagogo